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Illustration of a grocery store package that says “Sale: Misinformation!” Gabriella Trujillo for Vox

Los votantes latinos están siendo inundados con aún más desinformación

Los demócratas culparon a la desinformación por sus pérdidas con latinos en el 2020. Pero el problema también tiene que ver con otros errores del partido. 

Parte de la serie El poder y la potencial de los votantes latinos, presentado por The Highlight, un vertical de Vox que nos explica al mundo a través de reportajes ambiciosos.

This story is also available in English.

La distorsión comienza usando las propias palabras de Joe Biden en su contra: “Seré uno de los presidentes más progresistas en la historia de los Estados Unidos”, dice el entonces candidato presidencial al comienzo del video. Estampado sobre Biden durante esos tres segundos es una traducción al español de su declaración: “Seré uno de los presidentes más progresistas en la historia de los Estados Unidos”. “Progresistas” se mantiene en la pantalla.

Pero las siguientes cuatro personas que invocaron la palabra en este anuncio de campaña de 30 segundos para el esfuerzo de la re-elección de Donald Trump en el 2020 tenían la intención de inspirar miedo: Hugo Chávez, el ex-líder socialista de Venezuela, su heredero Nicolás Maduro, el dictador cubano Fidel Castro y el presidente actual de Colombia, Gustavo Petro. A medida que se termina el anuncio, queda la palabra - pero ahora ésta va seguida por “progresistas=socialista.”

Biden, por supuesto, no es un socialista. Y este anuncio, publicado en YouTube en agosto del 2020, fue una muestra de unos de los mensajes políticos más exitosos de la campaña de Trump dirigidos a los votantes latinos. Pintar a Biden como un izquierdista radical al invocar el espectro de un socialismo latinoamericano golpeó a la herencia de los inmigrantes de muchos votantes en el sur de la Florida quienes han huido de esos países. Pero el anuncio también es un ejemplo de un fenómeno más grande que siguen enfrentando las comunidades latinas: la difusión de información engañosa, exagerada y falsa, tanto en la red como en los medios tradicionales.

Alguna variación del anuncio de socialismo de Trump alcanzó a más de 1,5 millones de personas en Facebook, le dio vida a los chats grupales de WhatsApp e, inevitablemente, desencadenó la verificación de datos por parte de los liberales, activistas y periodistas. En el 2020, millones de latinos que viven en los Estados Unidos enfrentaron un diluvio de información falsa sobre la política y la salud, que a menudo tuvieron que investigar por sí mismos.

Ahora, a medida que avanzan las elecciones intermedias del 2022, los investigadores y académicos me dicen que el problema de la información falsa y engañosa en la comunidad latina se está generalizando, y que cada vez es más difícil separar la desinformación del discurso político estándar. Los demócratas, quienes han culpado a la desinformación por el bajo rendimiento entre los votantes latinos, corren el riesgo de malinterpretar aún más a los votantes latinos al confundir el problema de la desinformación con su propia falta de estrategia. Mientras tanto, los republicanos han estado muy contentos de utilizar la desinformación como arma y propagar estas mismas afirmaciones falsas.

A lo largo del 2020 y el 2021, los investigadores y académicos rastrearon las mentiras, teorías de conspiraciones e información falsa mientras se esparcieron a través de las redes sociales y las fuentes de noticias, tanto locales como generales, y a través de las declaraciones de políticos y personas influyentes. ¿Su conclusión? Una ola de desinformación envolvió a las comunidades latinas y los espacios hispanohablantes en el 2020, alcanzando a posibles votantes y los americanos ansiosos por el Covid durante un año de crisis, y potencialmente afectando los resultados de las elecciones del 2020, alimentando a Trump y a los candidatos republicanos.

Muchos de estos investigadores me dicen que ya están viendo nuevas teorías de conspiración, afirmaciones y distorsiones esparciéndose entre las comunidades latinas. La última ola de desinformación, dicen ellos, ha sido alimentada por batallas culturales sobre la identidad de género y el aborto, los miedos económicos apareados a la inflación y la política acerca el medioambiente, las teorías de conspiración de fraude electroal y, ultimamente, las investigaciones sobre la conducta de Trump después de la elección.

“Muchos millones de latinos votaron por primera vez en el 2020, y el 2022 será la primera vez que votarán muchos millones de latinos más”, me dijo Jerónimo Cortina, profesor asociado de la Universidad de Houston. “Tienes la tormenta perfecta para que los latinos se envuelvan en todo este aspecto de la desinformación, y ellos representan un nuevo electorado que puede inclinarse hacia un partido político.”

Los demócratas están especialmente preocupados, debido a las señales de debilitamiento del apoyo latino en el 2020. Pero para los demócratas en modo de campana, abordar los temas de desinformación puede tener menos que ver con la política y la regulación, y más con ganar el viejo juego la la persuasión de la política.

La desinformación ha llegado a significar muchas cosas, pero una definición de un consenso académico es un buen lugar para comenzar: “el compartir información incorrecta y engañosa de manera no-intencional”. “Desinformación” es el término más amplio para referirse a las declaraciones engañosas, hiper-partidistas o declaraciones incorrectas.

No se requiere intención para hacer que algo sea desinformación; una parte se propaga de manera orgánica a través de los memes de los medios sociales y la sátira, el mal reportar las noticias reales y el discurso polarizado y políticamente cargado. Es distinta de la “desinformación”, información que es falsa y es creada de forma deliberada para causar daños a una persona, a un grupo social, a una organización o a un país”. El anuncio de la campana de Trump que pinta a Biden como un socialista es un ejemplo de cómo la desinformación - o algo que es intencionadamente malo o engañoso - puede cambiar a una información errónea a la vez que ésta se esparce a través de las redes sociales y se convierte en algo que la gente cree.

La historia de la desinformación en el 2020 puede ser dividida en dos categorías generales: las mentiras y las teorías de conspiración sobre la pandemia del coronavirus, y la información política errónea alrededor de las elecciones presidenciales del 2020. La información falsa y engañosa sobre el coronavirus, el uso de cubrebocas y las vacunas, y la severidad del Covid-19 siguió expandiéndose hasta el 2021, pero los investigadores me dijeron que estos tipos de mentiras habían muerto un poco una vez el país se movía a una nueva fase de las pandemia.

La desinformación política es más difícil de identificar y refutar debido a los intrincados enlaces entre la política, la persuasión y cierto grado de falseamiento de la verdad. Aunque es probable que sea falso, es difícil clasificar el discurso político como la frase “Biden es un socialista” que la campaña de Trump usó con tanta eficacia, en parte porque ese reclamo sugiere un juicio moral sobre Biden y las políticas liberales. Ese tipo de afirmación es más difícil de refutar para muchos votantes latinos quienes tienen una mentalidad conservadora.

Este tipo de discurso políticamente cargado y engañoso continúa abundando en las redes sociales, en la televisión, y de figuras públicas en la comunidad latina. En el 2020, surgieron las falsedades sobre temas políticos y sociales divisivos: alarmismo sobre las manifestaciones de Black Lives Matters (Las Vidas Negras Importan), teorías conspiratorias sobre la inmigración ilegal y las políticas progresistas de Biden y mentiras sobre el fraude electoral y la votación por correo. Ellas la regaron en las comunidades latinas a través de tuits, fotos manipuladas y porciones de videos virales, citas fuera de contexto, y transmisiones de radio y de YouTube, y estas fueron compartidas en aplicaciones de texto encriptado como WhatsApp y Telegram, grupos de Facebook , y videos de TikTok.

Los demócratas empezaron a tomar el fenómeno más en serio despues del dia de las elecciones, cuando el conteo de votos y la validación de la encuesta de votantes revelaron que los republicanos habían desempeñado mucho mejor que lo que se esperaba entre los votantes latinos a través de todo el país, especialmente en el sur de la Florida y en la región del Valle de Río Grande en Texas. En el sur de la Florida, donde Trump terminó mejorando significativamente comparado al 2016, ayudándole a ganar el estado y voltear dos asientos de latinos demócratas en la Cámara de Representantes, la teoría de conspiración y las mentiras flagrantes habían llenado el ecosistema de los medios latinos.

Esos mensajes se incrementaron después del día de las elecciones. En diciembre de 2021, la Prensa Asociada (Associated Press) informó sobre los titulares engañosos e historias fabricadas que se regaban en español alrededor de las elecciones gubernamentales en Virginia y en Nueva Jersey, mientras que las campañas de mensajes anti-aborto distorsionaron la posición de Biden y Kamala Harris en el tema de aborto despues del goteo de la decisión de la Corte Suprema para anular Roe v. Wade este verano.

Evelyn Pérez-Verdía, una estratega demócrata desde hace mucho tiempo quien sigue la desinformación en español, me dijo que ella era una de los primeros investigadores en llamar la atención a la severidad del problema, incluida la propagación de las conspiraciones de de QAnon a través de cadenas de textos en WhatsApp y Telegram.

Desde entonces, ella ha monitoreado cómo esas plataformas han permitido nuevas olas de desinformación y la expansión de teorías de conspiración. Después de la matanza en Uvalde, Texas, por ejemplo, Pérez-Verdía vio cómo los rumores de que el que disparo era un transgénero o un inmigrante indocumentado revivieron los chats en español en WhatsApp. Este siguió un tema: La guerra cultural de la derecha sobre la identidad de género que se inició al principio de este año había alcanzado a estas plataformas de internet en español. Y porque muchos de los latinoamericanos usan estas formas de comunicación, estas narrativas podrían propagarse con más facilidad.

“Nosotros estamos viendo una perspectiva religiosa en muchos de los temas sociales, ataques a las comunidades LGBTQ, y enfocándose específicamente en las comunidades transgéneras y en los niños transgéneros”, me dijo.

Por supuesto, muchas de estas narrativas no son únicas en las comunidades latinas. Acusar a los opositores de ser socialistas, o distorsionar sus puntos de vista políticos, afecta a casi cada comunidad en una nación extremadamente conectada a la red. Lo que ha cambiado es la rapidez con que un rumor falso y una historia distorsionada puede expandirse a través de los medios sociales. Y los latinos en los Estados Unidos dedican un tiempo desproporcionado a los medios sociales como WhatsApp, Twitter y YouTube comparado con otros grupos demográficos en los Estados Unidos. Lo peor es, que la comprobación de datos, la examinación y los recursos para la moderación del contenido que ya están bastante débiles en las plataformas en inglés no son aplicadas con el mismo rigor en los medios en español.

Aunque el uso de apps con texto cifrado como WhatsApp y Telegram para difundir información política y debatir sobre la política estadounidense fue relativamente nueva en el 2020, ahora la política está dondequiera en estas plataformas, y también la desinformación. Inga Trauthig, una investigadora de desinformación de la Universidad de Texas en Austin, me dijo que ella y su equipo han seguido como la desinformación electoral - incluyendo reclamos engañosos sobre dónde y cómo votar, o cómo se cuentan los votos, por ejemplo - se propaga a través de las aplicaciones de mensajes encriptados en las comunidades de la diáspora. Ella descubrió que son los hispanos y los latinoamericanos quienes más utilizan estas plataformas y, por lo tanto, es más probable que encuentren información engañosa.

“Al comienzo [de nuestra investigación], nosotros teníamos mucho más que la gente rechazaría y diría, “No, este es un grupo que no está supuesto a ser para políticas; ¿por qué estamos hablando de Trump de repente?” ella dijo. “Debido a las funciones de compartir noticias, WhatsApp se ha convertido más y más en una plataforma política.”

El equipo de Trauthig también descubrió que más desinformación se riega orgánicamente a través de estas fuentes entre familiares y amigos, personas influyentes a pequeña escala y redes de base.

Una complicación adicional para comprender el efecto político de la desinformación es el hecho de que la mayoría de las investigaciones y el seguimiento de la expansión y el efecto de la desinformación en las comunidades latinas llegan de los académicos de la izquierda, estrategas liberales o grupos progresistas, quienes pueden tener un marco ideológico específico, y esto puede afectar como ellos dan recomendaciones o realizan encuestas. Las personalidades de los medios de tendencia derechista, consultores y políticos republicanos quienes muchas veces difunden muchas de las narrativas engañosas que los vigilantes y periodistas están tratando de identificar, pueden rechazar categóricamente cualquier intento en mejorar un discurso público por sus puntos de vista liberales y por beneficios políticos.

Todas estas dificultades en definir la desinformación, seguir su propagación y ver quienes creen esto, el mismo presenta un reto para los investigadores y periodistas. Pero también esto crea un gran problema para el partido político que parece preocuparse por ello. Los demócratas se arriesgan a caer en una trampa de culpar a la desinformación por la campaña inadecuada y las posturas políticas impopulares.

Carlos Odio, el vicepresidente senior de la firma demócrata enfocada en los latinos, Equis Research, dice que la desinformación en las comunidades latinas a menudo se confunden con los propios pasos en falso del partido demócrata en reclutar, divulgar, comunicar, hacer campaña y en la competencia cultural.

“Lo que no queremos que pase es que [la desinformación] entonces se convierta en un argumento puramente político”, dijo Odio. “En realidad, es un reto para las campañas y candidatos y organizaciones que terminan atrapados pensando que ellos solo están perdiendo debido a la desinformación, o culpar a cualquier otro tipo de pérdidas de comunicación a la idea de que es todo una mentira”.

Hace poco, Equis publicó los resultados de una encuesta de 2400 adultos latinos adultos, en la cual los investigadores observaron la prevalencia de un grupo de narrativas falsa que han echado raíz tanto en las comunidades derechas como de izquierdas, y preguntaron a los latinos cómo y dónde ellos obtienen sus noticias y conocimiento político.

Este encontró que muchos de los latinos habían escuchado las narrativas falsas más comunes que se habían difundido en los últimos dos años, y era probable que no lo creyeran. También descubrió una gran parte media que puede ser persuadido quienes no saben qué pensar sobre esta información y simplemente no está muy seguro de su veracidad y si las creerían.

Las narrativas más difundidas y conocidas (“El Presidente Trump ganó las elecciones del 2020 y los demócratas se las robaron para Joe Biden”; “La vacuna del Covid-19 es más peligrosa que el mismo virus del Covid-19” y “ Donald Trump trabajó con Rusia para robarse la presidencia en el 2016”) fueron los más propensos a ser rechazados por las personas cuando le preguntaron si eran ciertos. Algunas de las afirmaciones que llamaron más atención en los medios, como la frase “Biden es un socialista” que causó el mayor pánico en la Florida, habían alcanzado sólo una cuarta parte de los latinos y sólo un 7 por ciento de todos los encuestados creyeron - alrededor de la misma cifra de personas que creían que la Tierra era plana. El hecho de que tantas personas rechazaban las frases de desinformación sugiere algunas soluciones, entre ellas la efectividad de una revisión de datos y los retos públicos.

Pero las personas que tenían la mayor tendencia de creer este tipo de desinformación eran también los encuestados con el mayor involucramiento político: no sólo eran los más educados, sino eran también los más dados a tener una ideología personal, y muy receptivos a las narrativas que se alineaban con ella. Eso explica el porqué algunos liberales encuestados en la encuesta estaban dispuestos a creer las falsas narrativas del espectro político de la izquierda: Más personas tenían la certeza de que Trump se coludió con Rusia para robarse las elecciones del 2016 que la afirmación de la derecha de que Trump ganó las elecciones del 2020, y más personas creyeron que Trump falsificó su infección de Covid a que Biden era socialista. Aunque algunos conservadores han señalado algunos de estos ejemplos de “desinformación de la izquierda”, ellos tienden a criticar la cobertura de los medios como sesgada hacia los liberales, y como un intento de las compañías de los medios sociales para silenciarlos, en vez de asociar esto con el fenómeno más grande de la desinformación moderna.

“La creencia [en estas falsedades] proviene de consumidores quienes tienen más educación universitaria y quienes están más involucrados en términos políticos. Son las personas quienes ya son más partidistas, quienes están más dispuestos a creer cualquier cosa que se diga sobre el otro lado”, dijo Odio. “Para los demás en el medio, se trata más de una cuestión de incertidumbre”.

Las personas quienes encontraron falsas narrativas pero a la vez las trataron con escepticismo representaron al menos una cuarta parte de los encuestados en la encuesta de Equis. Son personas que podrían no estar en riesgo de creer información falsa, pero para quienes la información falsa les hace más difícil determinar la verdad en la política y puede llevarlos a simplemente no participar en las elecciones. Ese medio incierto tiende a no ser hiper-partidista, y tiende a ser femenina y menor de 50 años – el mismo perfil del votante latino promedio y, por casualidad, el mismo perfil del votante indeciso en muchos estados en disputa.

Pero los votantes indecisos en el electorado latino no sólo deciden entre partidos políticos, me dijo Odio. Están decidiendo si votarán o no. Estos votantes de la periferia están “donde se ve el movimiento” dijo. “Hay una superposición aquí, un segmento influenciable del voto latino, y tiende a no ser los votantes los que reciben toda la atención [y] ya están muy involucrados. Suelen ser los que están más desatendidos”.

El problema de la desinformación se remonta a un problema central de la política moderna de los Estados Unidos: una falta crónica de inversión, un involucramiento competente en términos culturales y un entendimiento matizado de los votantes latinos. Odio y otros investigadores me dijeron que combatir a la desinformación, especialmente el tipo de desinformación que tiende a dominar el espacio digital y mediático, requiere trabajo. Sí, las compañías de las redes sociales, los centros de estudios y periodistas deben continuar monitoreando, revisando datos y desacreditando las mentiras, y deben proveer un acceso más fácil a mejores fuentes de información. Pero los demócratas y las campañas políticas que afirman preocuparse por el futuro de la democracia estadounidense y están preocupados por perder votantes latinos deberían ser más inteligentes y comprender mejor por qué algunas de estas narrativas se pegan. Muchas de las narrativas menos extravagantes y engañosas que se están filtrando ahora sobre la inflación, los precios de la energía, la política climática, el aborto y la identidad del género se pegan porque apelan a un conjunto central de creencias que tienen algunos latinos, y una revisión de datos por parte de un periodista no lo puede remediar, dijo Flavia Colangelo, la directora de Bully Pulpit Interactive, una empresa de investigación democratica.

“Cuando escuchas algo como “Biden quiere que sea más difícil comer carne” o “Las políticas climáticas de Biden están impactando el precio de nuestro combustible”, se trata de ese valor central que y, por lo general, es el control del gobierno o el miedo a que el gobierno se extralimite”, dijo Colangelo. “Nosotros hemos encontrado [lo que ] más impacta cuando hacemos nuestros métodos de prueba es realmente tratar de atender esa herida, en vez de ir persiguiendo ataques específicos, y tratar desmantelar cosas específicas. Cuando la herida es realmente sobre los valores que son importantes para los hispanos, ¿cómo podemos nosotros conectarnos con ellos en vez de simplemente ofrecerles verdades alternativas a una narrativa?

El anuncio progresista de la campaña de Trump nos da la misma lección: A cierto nivel, llamarle socialista a Biden podría dañar su posición entre las comunidades que tienen un trauma generacional y memorias dolorosas de la pobreza económica o de persecución política. Pero el anuncio también apeló a un grupo de creencias ideológicas más profundas sobre el papel del gobierno en la vida diaria, el sentido de individualismo e independencia valorado por algunos de esos votantes y la desconfianza de un candidato político.

Todavía hay suficiente tiempo para que se propague más desinformación política entre ahora y las elecciones de noviembre. Las campanas se están acelerando para las elecciones generales, y faltan años para las próximas elecciones presidenciales. Esto también quiere decir que hay suficiente tiempo para abordar tanto la política como los retos políticos que crean la desinformación, y para que los demócratas preocupados por el espectro de la desinformación hagan algo al respecto.

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